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mar de oídos atentos...

¿qué te dice la piedra?

martes, febrero 28, 2006

Tu... y yo.

Tu



yo.


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campo


Hoy a las 7 de la mañana me encontré con un escrito de la more sobre los 4 elementos y recordé una parte de mi, que hace ya algo de tiempo que tengo algo empolvada, recorde mi mochila de campismo viejísima, absolutamente remendada por todos lados, con escritos de gente que he conocido en mucho tiempo y que realmente aprecio, recordé mis niños y las dinámicas que les poníamos. Me reencontré con el frío, con la neblina, con la obscuridad. Con mi muy muy querida lluvia.

y me alegró el día.

A las 4 de la tarde se empezo a nublar (cosa rara pues se pronosticaba y ha hecho un horrible sol) y como a las 5 llovizno ligeramente, y no creo que alguien más lo haya notado, pero cerre por un momento los ojos, mientras dejaba al aire levantar mi playera, y sentía alguna eventual gota caer en mi rostro, mientras sentía como poco a poco los duendecillos encargados de tensar mi espalda se iban a almorzar, y en el camino se tomaban un trago, en el obscuro bar de mis ojos cerrados.




Fotos de Campa


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lunes, febrero 06, 2006

Jordan

-¿que bebida es esa? -pregunto el gitano.
-Es una medicina-Dijo Robert Jordan. -¿Quieres probarla?
-¿Para que sirve?
-Para nada. -Contesto Jordan -, pero lo cura todo.
-Si tienes algo que te duela, esto te lo curará.
-Déjame probarlo -Pidió el gitano.

Jordan empujó la taza hacia él. Era un líquido amarillento mezclado con el agua y Jordan confió en que el gitano no tomaría mas de un trago. Quedaba realmente muy poco y un trago de esta bebida reemplazaba para él a todos los periódicos de la tarde, todas las veladas pasadas en los cafés, todos los castaños, que debían estar en flor en aquella época del año; los grandes y lentos caballos de los bulevares, las librerías, los quioscos y las salas de exposiciones, al parque Montsouris, al estadio Búfalo, la Butte Chaumont, la Guaranty Trust Company, la Île de la Cité, el viejo hotel Foyot y al placer de leer y descanzar por la noche; todas las cosas que en fin, el había amado, y olvidado y que retornaban con aquel brebaje opaco, amargo, que entorpecía la lengua, que calentaba el cerebro, que acariciaba el estómago, con aquel brevaje que en suma hacía cambiar las ideas.







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